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Opinión

Diciembre 2008/ Enero de 2009

Soberanía Alimentaria y la Salud de los Pueblos
Por Miryam Gorban *

“… en la tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos,
pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos".
Mahatma Gandhi

La crisis alimentaria mundial ha puesto sobre la mesa la cuestión de la soberanía alimentaria que en la Cumbre Mundial de la Alimentación en Roma 1996, reunión convocada por la FAO, más de 1.200 organizaciones sociales no gubernamentales supieron definir en el documento final “Alimentos para todos o Ganancias para pocos”. En esa oportunidad los Estados se comprometieron a disminuir a la mitad para el 2015 la población de hambrientos que en ese entonces se estimaba en alrededor de 815 millones. A pocos años de cumplir ese objetivo, que por otro lado ha sido asumido como una de las metas del milenio(ODM), esa cifra no solo está lejos de alcanzarse sino que se ha elevado actualmente, y hoy suman más de 1000 millones los que padecen hambre en este mundo, en especial en los países de economías dependientes y en las poblaciones de extrema pobreza.

El derecho a la alimentación está negado a millones y millones de personas. Diariamente 24 mil personas mueren de hambre, y si sumamos los que mueren por sus consecuencias inmediatas, alcanzamos la cifra de 100 mil personas cada día. Es decir, todos los años desaparacen 36 millones de personas a causa del hambre. Es como si un país como Argentina o Colombia desapareciera cada año silenciosamente. Esta es la tragedia de nuestra humanidad. El año pasado murió de hambre un niño menor de diez años cada cinco segundos. Cada cuatro minutos alguien muere por falta de vitamina A. Casi 854 millones de personas subsisten gravemente subalimentadas. Y las cifras aumentan.

En América Latina la desnutrición crónica llega a más del 40% de la población entre los más pobres, justamente en un continente productor y exportador de alimentos. En Argentina se producen alimentos y proteínas que podrían alimentar con una dieta saludable a más de 300 millones de personas pero vaya razón ... que hay 36 millones de habitantes en nuestro país de los cuáles el 50% no tiene acceso al derecho a la alimentación adecuada, digna y culturalmente aceptable!!!! Si, eso significa que pasa hambre. Un país hecho de alimentos con hambrientos por millones.

Al analizar las múltiples causas de la crisis que atravesamos, algunos Gobiernos y organismos internacionales, las empresas ligadas a la producción y comercialización de alimentos, los medios de comunicación masiva puestos a su servicio, ponen en el centro de la cuestión una serie de razones consideradas esenciales para explicarla como ser: el aumento de la demanda de alimentos por parte de China é India, el cambio climático, el aumento del petróleo, y otras razones similares. Este discurso esconde la realidad de la situación.

De lo que se trata, es de definir que lo que está en crisis es el modelo de producción. Un modo de producir, de vender, de consumir, un modelo irracional de aprovechamiento extremo de los recursos naturales, de despilfarro de los bienes que a diario se producen, de agotamiento de las riquezas que el planeta dispone, en síntesis del modo de producción que deja a millones con hambre, y a unos pocos con ganancias extraordinarias.

De lo que se trata en realidad, es definir cómo producir, con qué producir, para qué y para quién producir. De lo que se trata es de tomar decisiones políticas y sociales, que hagan a efectivizar una verdadera soberanía alimentaria que claramente deberá optar entre una política de agronegocios y/ó de agroexportación, ó por una política agropecuaria que responda a las necesidades de la poblaciones, al cuidado del medio ambiente, a la utilización racional de los recursos disponibles, al desarrollo de una agricultura con “agricultores” que tengan acceso a la tierra, al agua, a los recursos genéticos, a la salud, a la vivienda , a la educación, a los salarios dignos, a la seguridad social ... Una política que planifique la producción, distribución, comercialización de toda la cadena alimentaria, que preserve el ambiente y termine con la desertificación y la sobreexplotación del suelo, que preserve el agua y la tierra, que preserve la biodiversidad, que regle el uso de agroquímicos y fertilizantes, y que sobre todo respete los conocimientos ancestrales y la pautas culturales de los pueblos.

Claro que estos parámetros van a definir o no una política de soberanía alimentaria, pero está claro también que en ella juega un papel esencial é indelegable el Estado como regulador, que cada vez más necesita de la participación de la sociedad civil en los núcleos de decisión, de los campesinos, de los productores, de los consumidores que pautarán esas políticas en función de sus necesidades esenciales.

Y al decir que la problemática no se limita a los productores sino que se extiende a la sociedad en su conjunto, se trata también de definir políticas que faciliten el acceso a los alimentos, garantizando pleno empleo, salarios dignos y precios justos; que distribuya equitativamente la riqueza para eliminar la brecha de ingresos existentes y con ella eliminar la pobreza.

Si volvemos a las razones que explicarían el alza del precio de los alimentos, que empujan a los pueblos al hambre, que hacen a las rebeliones populares en más de 40 países del mundo en busca de comida, tenemos que señalar con más fuerza el papel que en ella juegan dos factores de relevancia: la especulación financiera y la producción de energía a partir de los alimentos, así como el papel que juegan actualmente las transnacionales en el manejo de toda la cadena de producción y distribución de los alimentos en todo el planeta, así como a la apropiación y concentración en pocas manos de las tierras fértiles de nuestros países, sometiéndolos a mayores niveles de dependencia . Y eso es así porque en nuestro país Argentina tan solo 936 propietarios poseen 35 millones de Hectáreas de las mejores tierras del mundo , mientras que 150.000 pequeños propietarios, con solo 16 hectáreas de promedio poseen tan solo 2.200.000 hectáreas. Que un solo propietario extranjero, Benetton, posee 1.000.000 hectáreas de la Patagonia.

Vale la pena recordar que las cinco cerealeras que conocemos como Cargill, Bunge, Dreyfus, Monsanto, ADM, concentran el negocio del 80% de los cereales que se producen y comercializan en el mundo, pero que además son las productoras de los agroquímicos y fertilizantes, de los agrocombustibles,y de las maquinarias agrícolas que solo en un trimestre en forma comparativa la primera de ellas aumentó sus ganancias en un 86%, así como las demás lo hicieron entre un 40 y un 76%; que solo tres empresas monopólicas supermercadistas concentran el 83% de la venta de alimentos, que dos de ellas lo hacen concentrando el 66% del mercado de los lácteos y así de seguido. Además entrelazan sus intereses con las empresas petroleras, automotrices, cementeras de ingeniería genética, de maquinarias agrícolas , de transporte, de servicios y reglan de ese modo todo el mercado. Que el capital especulativo en tan solo cinco años aumentó su inversión de 7.000 millones en el 2002 a 100.000 millones en el 2007. Que el aumento del precio de los fertilizantes en el último período llegó al 674%, del petróleo al 629,6%(con la baja estrepitosa de los últimos meses, sin embargo no se vieron afectados los precios de los alimentos), que en Argentina producimos 140 millones de toneladas de alimentos, pero que la mitad de esa producción es soja forrajera, y el 90 % de esa producción tiene como destino la exportación.

Consideramos que estos datos son suficientes para mostrar el verdadero rostro del aumento del costo de los alimentos, que se ha dado en llamar agflación, que ha hecho que los alimentos se cotizen en la bolsa, y que se pueda abastecer ó desabastecer el mercado en función de sus intereses para la obtención de ganancias extraordinarias, donde ese poder económico que poseen desestabilicen Gobiernos y amenacen la soberanía é independencia de los Estados que pretendan encaminarse por caminos autónomos buscando nuevas alternativas políticas que permitan elevar el nivel de vida de los pueblos.

Durante la última hora y media, 564 niños menores de diez años habrán muerto de hambre. Hay algo de fantasmal y espantoso en el hecho de que se discuta y discuta sobre qué medidas tomar mientras millones de personas agonizan de hambre, cuando esas medidas resultan tan evidentes que no haría falta debate alguno: frenar la especulación con los alimentos, evitar la destrucción de la agricultura, forzar a las corporaciones multinacionales que dominan la economía mundial a un comercio y unos salarios justos, hacer la reforma agraria en regiones donde la población no tiene acceso a la tierra... Pero detrás de los Estados se mueven inmensos intereses de grupos económicos que lo impiden. Esto es lo que discutimos cuando estamos hablando de Soberanía o Seguridad Alimentaria, no de otra cosa.

La soberanía política de un país depende de su soberanía económica, y parte esencial de ella, es adoptar las estrategias necesarias en el camino de la soberanía alimentaria con el derecho que le corresponde a fijar sus propias políticas de producción, distribución, comercialización y consumo de alimentos, de cuidado y preservación de sus recursos naturales, para que ellas sean ecológica, económica y culturalmente apropiadas para ellos, garantizando para todos y todas el derecho humano a la alimentación.

* Vice-Presidenta 2da. Médicos del Mundo - Delegación Argentina
** Licenciada en Nutrición - Secretariado Ejecutivo FAGRAN(Federación Argentina de Graudados en Nutrición)

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